Finalizada la muestra universal, el edificio se convirtió en el Pabellón de la Energía Viva, iniciativa pionera en España en la divulgación de las energías renovables, creado en 2002, obtiene gran éxito de público sobre todo entre los jóvenes, enmarcado en los proyectos de I + D de Cartuja 93.
El pasado 31 de enero cerró sus puertas por decisión empresarial a pesar de su popularidad y del reconocimiento obtenido por su labor pedagógica. Y si ya resulta desafortunada esta decisión, ahora corre el riesgo de sucumbir bajo la piqueta.
La Asociación en Defensa del Patrimonio (Adepa) ha enviado un escrito a la Consejería de Cultura para su protección y evitar que sea demolido.
El edificio, construido en madera y pizarra, es obra del arquitecto húngaro Imre Makovecz y una auténtica joya de la arquitectura en madera que merece ser respetado como herencia de un acontecimiento tan significativo para la ciudad de Sevilla como fue la Expo'92.


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