Si paseamos por la Plaza de la Virgen de los Reyes probablemente sólo tengamos ojos para mirar la Giralda y la Catedral Hispalense, pero
en un rinconcito se adivina una calleja que a primera vista no nos llamará excesivamente la atención, si nos adentramos en ella nos llevaremos una agradable sorpresa, encontraremos al final de la misma una recoleta plaza, con una atmósfera sugerente, de encantamiento, mágica...La Plaza de Santa Marta se esconde tras la fachada del Convento de la Encarnación, su nombre se debe al antiguo Hospital de Santa Marta que allí existió y que fue fundado en 1385 por Fernán Martínez, arcediano de Écija.
Casi dan ganas de decir "¿se puede?" cuando nos encontramos en el arco que da acceso a la misma, como si estuviéramos entrando en un lugar sagrado y molestáramos a los mismos
dioses que, sin embargo, nos acogen con estruendoso silencio, el mismo que debemos tener para oír, oler y ver, en uno de los rincones de mayor belleza de la ciudad de Sevilla. Una pequeña cruz de piedra en su centro nos muestra a Cristo Crucificado por una cara y una imagen de la Piedad por la otra, obra del autor jiennense Diego de Alcaraz que data de 1564, la escoltan naranjos y jazmines, testigos del rapto de Doña Inés por Don Juan Tenorio, según cuenta la leyenda...

Se sale por donde se entró, y no olvidemos, justo al cruzar el arco, alzar la vista y descubrir al Giraldillo de la mano de la espadaña del Convento de la Encarnación, con el ciprés como testigo de este curioso hermanamiento.


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